El tomate es una de las principales hortalizas producidas en México. Esta hortaliza es atacada por una serie de enfermedades, pero existe una, que si bien sus síntomas y daños son bien conocidos desde hace mucho, es en los últimos años que se ha caracterizado por los fitopatólogos. Dicha enfermedad es conocida como “permanente del tomate”, la cual causa grandes daños sobre todo en regiones donde este cultivo se siembra en el ciclo primavera-verano, llegando a colapsar la producción cuando las trasmisiones del patógeno son en plantaciones que tienen los primeros racimos florales.
AGENTE CAUSAL Y DISTRIBUCIÓN.
La enfermedad del permanente del tomate está asociada con un organismo tipo bacteria no cultivable llamada Candidatus Liberibacter solanacearum, cuyo vector es Bactericera cockerelli (Sulc). El tomate, el tomatillo, la papa y el pimiento son algunos de los principales hospederos del insecto vector. El tomate tipo grape es muy apetecible para el insecto, al igual que el cultivo de pimiento (principal hospedero). Los síntomas y daños de la enfermedad se reportaron por primera vez en la región del Bajío, México en 1980, pero no fue hasta 2009 que se reconoció a nivel internacional la presencia del organismo tipo bacteria en campos de tomate en Sinaloa.
La presencia de esta enfermedad en el cultivo de tomate causó la pérdida del 60 % de la producción y ocasionó la reducción de la superficie sembrada en Guanajuato de 13, 000 hectáreas a sólo 2, 500 hectáreas. Se encuentra actualmente presente en todas las zonas productoras de tomate en México en los estados de Sinaloa, Guanajuato, Durango, Coahuila, Baja California Norte, Querétaro, Michoacán, Estado de México, Aguascalientes, San Luis Potosí, Jalisco, entre otros. Además este organismo tipo bacteria se ha reportado en países como Estados Unidos, Nueva Zelanda, Guatemala, Honduras y Nicaragua.
BIOLOGÍA.
Varios autores describen a esta enfermedad de manera temporal, como “organismo tipo bacteria” debido a que es confuso aún el origen de este patógeno, pues sólo se encontró el 82 % de similitud con fitoplasmas, caso contrario con bacterias no cultivables donde su similitud, desde el punto de vista genómico, fue del 98 %. Este organismo está asociado con el psílido Bactericera cockerelli, el cual adquiere al patógeno después de 15 minutos de estarse alimentando de plantas infectadas y lo trasmite con mayor efectividad después de dos horas de haberlo adquirido, teniendo un período de transmisión de 12 días. El estadio del psílido más eficiente para adquirirlo y transmitirlo es durante sus distintas etapas de ninfa. Por otro lado, este insecto también se asocia con enfermedades contagiosas como la punta morada de la papa y de la zebra chip.
El permanente del tomate también se considera una enfermedad contagiosa pues su diseminación se puede realizar mediante los injertos en serie sin necesidad del vector. Es un patógeno que ataca el floema de la planta y manifiesta sus síntomas de 3 a 4 semanas después de la infección. La enfermedad se presenta en cualquier etapa de desarrollo del cultivo cuando hay fuente de inóculo y adultos de Bactericera cockerelli infectados con este patógeno. El periodo crítico de infección (período libre del patógeno necesario para evitar grandes mermas en la producción) de la enfermedad por la transmisión del vector es hasta que se tenga el sexto racimo de flores en el cultivo de tomate.
SÍNTOMAS.
La enfermedad se manifiesta con clorosis en los bordes de los foliolos de los brotes apicales, las hojas inferiores se encarrujan con texturas quebradizas y generalmente de color verde brillante e intenso por una menor cantidad de tricomas. Posteriormente el crecimiento de brotes nuevos se inhibe y en las flores se manifiesta una necrosis, provocando que sean abortadas. Por otra parte, los frutos que se llegan a formar reducen su tamaño y sufren deformaciones. Además la planta es achaparrada tornándose en un principio más verde de lo normal y después se vuelve amarillenta, secándose por fungosis en la raíz causada por el debilitamiento de la planta y la mayor susceptibilidad al ataque de otros patógenos.
MEDIDAS DE CONTROL.
En base al periodo crítico de infección, es fundamental un control estricto del vector hasta que el cultivo tenga el quinto o sexto racimo de flores. El manejo de la enfermedad se basa en el control del insecto vector mediante insecticidas sistémicos u otras prácticas en base al monitoreo periódico del mismo. A manera de recomendaciones generales, dentro de los invernaderos no se deben tener plásticos y mallas rotas, además de colocar trampas amarillas en las entradas y dentro del invernadero para el monitoreo. Es necesario eliminar las plantas con síntomas iniciales para evitar la reinfección y realizar aplicaciones periódicas para el control de adultos.
CONTROL QUÍMICO DEL VECTOR.
Producto: Euforia.
Ingrediente activo: Tiametoxam + Lambdacialotrina.
Modo de acción: Sistémico y de contacto.
Dosis x hectárea: 200ml.
Bibliografía.
INTAGRI. 2017. La Enfermedad del “Permanente del Tomate”. Serie Fitosanidad. Núm. 83. Artículos Técnicos de INTAGRI. México. 3 p.
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